jueves, 29 de marzo de 2007

Diez cosas a la vez

Soy "multitask". Hablo por teléfono mientras contesto mails. Corrijo mientras miro televisión y también almuerzo. Leo mientras tomo un baño de inmersión. Y la lista sigue. Las veces que mi teléfono inalámbrico dejó de funcionar entré en pánico. No es para mí eso de sentarse a charlar. Yo hablo (y bastante). Pero mientras, hago de todo. Cocino, cambio el "cuerito" de la canilla, hago la cama, me visto. . .
Y ahora vienen a decirme que:

Diferentes trabajos científicos, publicados y por publicar, ofrecen evidencias de los límites del multitasking ; es decir, la eficiencia que se pierde cuando se realizan varias tareas al mismo tiempo. Los hallazgos, de acuerdo con los neurocientíficos y psicólogos, sugieren que muchas personas harían bien en dejar de lado su comportamiento "multitarea" cuando trabajan, estudian o manejan.

La Nación, 26 de marzo de 2007

Puedo aceptar que la multitarea no resulta a veces la mejor opción. Convengamos que más de una vez, por no perder tiempo, hago tantas cosas juntas que al final entro en una especie de vorágine con resultados no del todo positivos (confundir birome con termómetro, amagar a ponerme desodorante en vez de brillo en el pelo, guardar la yerba en la heladera, etc.).
Las veces que me propuse hacer una sola cosa por vez fracasé estrepitosamente. Me aburro. Así que más allá de lo que digan voy a seguir como hasta ahora porque tan mal no me va.

jueves, 22 de marzo de 2007

Década

Cuando se cambia de década, uno puede hacer dos cosas: entrar en crisis por todo lo que no tiene y llorar por lo que ya no podrá jamás hacer, o serenarse y agradecer a la vida -o a Dios como es mi caso- por todo lo que le ha dado. Opto por lo segundo, para esquivar de todas las formas posibles la tentación de autocompadecerme. Y brindo a mi propia salud por un año más.

domingo, 18 de marzo de 2007

Desborde de libros

Creo que hay dos tipos de personas. Las que leen un libro por vez y no se animan a empezar otro hasta que no llegan a la última página del primero. Y las que son felices con muchos textos sobre su mesa de luz, en los que van avanzando en simultáneo de acuerdo a sus caprichos.
Pertenezco, irremediablemente, a esta última categoría. Por más que me propongo mantener controlada la pila de la lectura en curso, no resisto el placer de empezar un nuevo libro. Y me desbordo. Puedo leer seis o siete textos a la vez. En casos extremos, para mantener la situación bajo control, me prohibo empezar uno nuevo hasta no haber terminado alguno. Una especie de canje.
Se podría pensar que así debo comenzar muchos libros que nunca concluyo. Gravísimo error. Muy pero muy pocos libros han podido con mi fuerza de voluntad y mi decisión para tratar de encontrar el momento en que el texto comienza a valer la pena. Recuerdo solo dos: "La montaña mágica" de Mann y "El castillo" de Kafka. (Secretamente, abrigo la esperanza de que algún día haré un nuevo intento y los terminaré con gusto).

jueves, 8 de marzo de 2007

Duda

¿Estoy yo cada día más intolerante o la gente está cada vez más irrespetuosa?

miércoles, 7 de marzo de 2007

Desafío

Uno se acostumbra a lo cotidiano. Tiene todo bajo control. Disfruta. Y el aburrimiento, en forma imperceptible, empieza a colarse por las rendijas de la rutina. Ya no resulta grata la paz de ayer. Incomoda. Abruma.
Pero un nuevo desafío puede romper con ese hastío. No importa si es un desafío que exige un enorme cambio o uno que que con un poco de esfuerzo se logrará superar. Su sola presencia conmueve y revitaliza.
Yo descubro, una vez más, cuánto me gusta empezar algo nuevo. La energía que demanda lo distinto me sacude, me ayuda a sentirme bien.

jueves, 1 de marzo de 2007

El yo saturado - Kenneth Gergen

Creía que compartía muy poco con el posmodernismo. Por supuesto que lo mío no era el romanticismo, pero sí el modernismo. La idea de progreso y racionalidad me parecían un signo de mi persona. Pero la lectura del esclarecedor texto de Gergen me hizo cambiar de opinión.
El autor sostiene que las nuevas tecnologías nos permiten mantener relaciones directas e indirectas con una enorme cantidad de personas y ello produce una saturación social. Como consecuencia, también aparece una colonización del yo. No voy a hacer aquí una síntesis del libro, que recomiendo leer a todo aquel que busca una análisis preciso de los rasgos de la sociedad posmoderna.
Hoy tengo claro que soy tan posmoderna como cualquiera. Acá dos frases que me ayudaron a entenderme un poco más:

“El intercambio permanente hace que uno termine dedicándose a la cocina siamesa, o desee la jubilación, o promulgue las campañas a favor de la vida pastoral. A través de los demás comenzamos a valorar las harinas integrales, las novelas chilenas o la política comunitaria. (...) Así, a medida que se suman al yo los demás y sus deseos se vuelven nuestros, hay una ampliación de nuestras metas: de nuestros “debo”, nuestros “necesito” y nuestros “quiero”. Eso requiere atención y esfuerzo, y ocasiona frustraciones. Cada nuevo deseo plantea sus propias exigencias y reduce la libertad del individuo”.

“Al manifestar las opiniones uno se percata de que bajo el alero de su conciencia acechan otras voces subterráneas que lanzan un aullido burlón de desaprobación, como ocurriría con el “lobo estepario” de Herman Hesse. Ante este punto y contrapunto permanente (...) uno se da cuenta paulatinamente de que el monumento que había levantado a la objetividad tal vez fuera hueco”.
Kenneth Gergen. "El yo saturado"

miércoles, 28 de febrero de 2007

Distracciones de febrero

Hay ciertas lecturas que no son para vanagloriarse, sino más bien una especie de placer que uno trata de ocultar. Nadie reconocería, ante una audiencia con visos de cierta cultura, que lee obras intrascendentes y tontas.
Hipocresía pura de los ámbitos intelectuales. Como al menos en este medio no estoy dispuesta a mantener ese juego, aquí va la confesión de los últimos tres libros que leí de un tirón, con cierta adicción, aprovechando las vacaciones. No tiene sentido opinar sobre ellos. Son como las comedias románticas, que uno disfruta mientras las ve, pero cuando terminan no se pone a analizarlas.

  • “Confessions of a shopaholic” de Sophie Kinsella.
  • “Shopaholic ties the knot” de Sophie Kinsella.
  • “Shopaholic and sister” de Sophie Kinsella.

jueves, 15 de febrero de 2007

La magia de los trenes

Amo los trenes. No es por nostalgia de un pasado en el que eran el único medio que llegaba a territorios inhóspitos y significaban el milagroso contacto de las zonas alejadas con la civilización. No soy de los que añoran románticamente tiempos que no conoció. Me fascina el hecho de hacer hoy largos viajes en tren. En ellos uno respira el alma del lugar que atraviesa. Siente el auténtico placer del viaje. Anduve en trenes por montañas, por estepas y por llanuras, y mirando por las ventanillas siempre sentí que me fundía con el territorio, que lo entendía, que lo conocía.
Mientras estoy en un tren, creo que nada extraño puede pasar. Hay un punto de llegada claro y el destino parece inexorable. Pero a la vez, todo puede ocurrir afuera, por donde pasa el tren, y uno tiene el lugar de testigo privilegiado.
Envidio a Paul Theroux que en 1979 se subió a un tren local en Boston y terminó en Esquel. Viajé en tren por Estados Unidos y también viajé en La trochita. Pero es el enlace de ambos, que relata en su libro “El Viejo Expreso Patagónico”, lo que me parece fascinante, dejando de lado que encara los inconvenientes de su larga travesía por América con indisimulable mal humor y cierto desdén. Me gustaría alguna vez hacer un viaje similar y narrarlo después. Mi prosa podría estar lejos de la lograda por Theroux, pero sin duda le pondría mucha mejor predisposición a la aventura.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Historia del rey transparente – Rosa Montero

Me gustó mucho este libro de Rosa Montero. Ya conocía su prosa ágil por haber leído “Historia de mujeres”, “Temblor”y “La loca de la casa”.
La historia de Leola, una campesina que se transforma en caballero, resulta atractiva y permite ir descubriendo la vida cotidiana de la Edad Media. Los pobrísimos campesinos, los nobles alejados de la realidad que los rodea, los caballeros que luchan por causas ajenas, los alquimistas enceguecidos por sus metas, los burgueses que intentan imitar a la nobleza, todos tienen su lugar en el texto. Uno siente que el viaje de la protagonista le permite vivir realmente en el medioevo. Y la voz de Nyneve –una bruja del conocimiento, como se autodenomina-, ayuda al lector a entender cómo funcionan las cosas allí. Interesante y, tal vez sin buscarlo, también instructivo.

“Esperanza: pequeña luz que se enciende en la oscuridad del miedo y la derrota, haciéndonos creer que hay una salida. Semilla que lanza al aire la sedienta planta en su último estertor, antes de sucumbir a la sequía. Resplandor azulado que anuncia el nuevo día en la interminable noche de tormenta. Deseo de vivir aunque la muerte exista”.

“Pero la verdadera nobleza, ahora lo sé, es esto. Es caminar toda tu vida con pasos atinados, con pasos que te salen del corazón; es que tus actos estén de acuerdo con tus ideas, aunque el precio sea alto. Y no imponer estas ideas a nadie, y ser modesto y compasivo en tu grandeza”.

Montero, Rosa. “Historia del rey transparente”

jueves, 8 de febrero de 2007

Prohibido suicidarse en primavera - Alejandro Casona

Hace más de veinte años, cuando estaba en el colegio, tuve que leer “Los arboles mueren de pie” y me gustó.
Nunca más me cruce con un texto de Casona. En parte, porque no me atraen las obras teatrales y, en parte, por la "idea" que uno le suele tomar a los textos que resultaron obligatorios en el secundario. Queda esa sensación de que uno nunca elegiría autores que una vez fueron impuestos.
Pero en Internet encontré “Prohibido suicidarse en primavera” y nuevamente comprendí que la simpleza y la alegre serenidad de Casona me siguen gustando. Nada rebuscado. Es cierto que a veces resulta obvio, que las acciones de la trama son poco realistas y que hasta se vislumbra un intento pedagógico. Pero la falta de pretensiones y la sencillez me siguen agradando
"Como todos los seres felices ... y como todos los periodistas, son ustedes un poco impertinentes".

"No pidas nunca nada a la vida. Y algún día la vida te dará una sorpresa maravillosa".
Casona, Alejandro. “Prohibido suicidarse en primavera”

martes, 30 de enero de 2007

Lo que vale es la intención

En la playa uno tiene tiempo de ponerse a ver los comportamientos de sus congéneres. Y como no soy la excepción, sentadita bajo mi sombrilla, vi -y ahora aplaudo- la cantidad de gente que le pone garra y ganas a lo que hace, aunque los resultados sean muy modestos, por no decir casi inexistentes. Aquí mi ranking de los que a empeño nadie les gana:
  1. Las legiones que cada mañana salen a caminar portando cuerpos que delatan comidas más que sustanciosas, creyendo que con su esfuerzo matinal bajarán de peso, aunque a la tarde no se priven de unos churros bien grasosos.
  2. Los que tratan de sacarle la arena a cualquier adminículo (ojotas, zapatillas, mochilas) que utilizarán en los siguientes cinco minutos en la misma playa y que indefectiblemente volverán a cubrirse de arena.
  3. Los deportistas que juegan a la paleta con un viento que no deja sombrilla en pie o cuando el mar cubre toda la playa y sólo pueden hacerlo con los tobillos metidos en el agua.

lunes, 29 de enero de 2007

Libros con arena

La playa es un lugar para lecturas atrapantes. Nada de textos demasiado elaborados. Y acá van mis los libros que leí en los diez días a la orilla del mar:
  • "Matemáticas ¿estás ahí?" de Adrián Paenza. Mientas lo leía me preguntaba si cuando me tocó estudiar esas temáticas en la secundaria y también en la facultad las había entendido tan bien. El libro me retrotrajo a épocas de estudiantes, en las que yo me llevaba bien con esa materia tan poco digerible para muchos.
  • "La historiadora" de Elizabeth Kostova. Atrapante. No será el gran libro pero uno disfruta mientras lee y vale su extensión.
  • "La orden del temple" de Raymond Khoury. Con buena voluntad resulta entretenido, pero nada más. A veces muy previsible. Le falta crear el clima de misterio adecuado.
  • "Cell" de Stephen King. Aún no lo terminé, pero hasta ahora sólo me parece interesante el planteo -que no comparto- de que la tecnología podría destruirnos. Voy a leer lo que me falta por una cuestión de principios, pero si lo abandonara hoy creo que no me perdería mucho. (Cabe aclarar que el libro me lo regalaron. No fue mi elección).

martes, 9 de enero de 2007

El arte de viajar

"El deseo incurable del hombre de ir a alguna otra parte es un testimonio de su optimismo incurable y de su curiosidad insaciable. Siempre esperamos que las cosas sean diferentes allá. ‘Viajar’ -escribió Descartes a comienzos del siglo XVII- ‘es casi como conversar con hombres de otros siglos’.”

Daniel Boorstin en “The image. A guide to pseudo-events in America”

lunes, 8 de enero de 2007

The undomestic goddess - Sophie Kinsella

Segundo libro del año. Si alguien sigue mi patrón de lectura, lo mejor que podría pensar es que soy ecléctica. Y si no tiene tan buena voluntad podría tildarme de inconsecuente, incongruente, incoherente y otros adjetivos menos simpáticos. ¿Cómo se puede pasar de las Palmeras Salvajes a las aventuras de una abogada exitosa que se convierte de la noche a la mañana en una empleada doméstica?
La respuesta está en el “balance”. Faulkner me agobió. Necesitaba entretenimiento puro sin pretensiones. Y por cierto lo obtuve en esas casi 400 páginas que leí, casi de un tirón, el domingo.
Me reí con la historia. Me identifique con la pobre Samantha, algunas de cuyas frases podrían perfectamente salir de mi boca:
  • “I can’t do nothing all day. It’s going to drive me crazy. I’ll have to go and buy another paper from the village shop. If they’ve got War an Peace”.
  • “I never really learned how to make meals”.
  • “And I can’t sew on buttons”.
Me da un poco de pudor reconocer estas lecturas, como me da cierta vergüenza decir que disfruto viendo comedias románticas. Pero la verdad es que cada tanto mi yo intelectual le permite a mi yo más frívolo pasar un buen rato sin ningún pero ningún objetivo ulterior. Y no está mal.

sábado, 6 de enero de 2007

Las palmeras salvajes - Williams Faulkner

Primera lectura del año. Un libro con dos historias diferentes, entrecortadas prolijamente una por otra, en un mismo ámbito: el sur de los Estados Unidos.
Mientras leía El viejo, (Old man, como llaman al río Misisipi) no podía sacar de mi cabeza la devastación que produjo el huracán Katrina, tan parecida a los estragos de esa gran inundación que Faulkner sitúa en 1927. Me sonaban conocidos Nueva Orleáns, Baton Rouge, Mobile, el agua implacable, los diques rotos y las enormes zonas anegadas donde todo era río.
No es un libro entrañable, al menos para mí. Más de una vez tomé un respiro en su lectura porque me agobiaba el clima que creaba, el presentir que nada iba a terminar bien. A pesar de esto, o mejor debido a esto, Faulkner demuestra gran maestría en el arte de contar historias y sobre todo de transmitir sensaciones.
Una frase: “Entre la pena y la nada elijo la pena”.

miércoles, 3 de enero de 2007

Liberación y Progreso

Suenan bien como respuestas para el 2007.
Si verdaderamente creyera en ellos, y no los tomase como un simple juego, debería decir que los oráculos están de mi parte.

martes, 2 de enero de 2007

El “buen libro malo”

Chesterton lo llamó el "buen libro malo". Es aquel que no tiene pretensiones literarias pero que mantiene el interés cuando otras obras más serias lo han perdido.
Yo me refugio cada tanto (sobre todo en vacaciones) en los “buenos libros malos”. Es más, suelo defenderlos frente a apenados intelectuales que se rasgan las vestiduras ante tales textos. Tengo claro que aportan poco más que diversión. ¿Pero quién dijo que la literatura no debe ser placentera?
Me gustan algunas ideas de Orwell al respecto:
"La existencia de la buena literatura mala (el hecho de que uno puede divertirse o excitarse o hasta conmoverse con un libro que el intelecto se niega a tomar en serio)es un recordatorio de que el arte no es lo mismo que la celebración”.

“Todo lo que se puede decir es que mientras la civilización siga siendo tal, que uno necesite distraerse de cuando en cuando, la literatura ligera tiene su puesto determinado; asimismo, que existen cosas tales como la habilidad pura o la gracia natural, que pueden tener más valor de supervivencia que la erudición o el poder intelectual”.

“Los libros que uno lee en la infancia, y quizá la mayoría de los malos y buenos libros malos, crean en la mente una especie de falso mapa del mundo, una serie de países fabulosos donde uno puede recrearse en los ratos de ocio para el resto de la vida, y que en algunos casos hasta pueden sobrevivir a una visita a los países reales que se supone que representan”.
“Cazando un elefante” de George Orwell

lunes, 1 de enero de 2007

Propósitos para el 2007

En este año voy a intentar cumplir los propósitos que detallo en una lista, que no pondré aquí para mantener algo de reserva. Intentaré ir tomándolos de a uno hasta alcanzarlos o hasta que se conviertan en hábitos.
La mayoría de estos objetivos son idénticos a los de años pasados. Pero eso no me desalienta, porque muchos empecé a cumplirlos. Creo que vale la pena fijarlos y tener ganas de ir trabajando en ellos a lo largo del nuevo año.
Hace años me propuse aprender a disfrutar de cada momento. Y en este 2007 quiero seguir haciéndolo, tomando como guía el Decálogo de la serenidad (qué sí aprovecho para a poner) y recordando que: "Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías esperando la gran felicidad" (Pearl S. Buck). Intentaré que no sea mi caso.

Decálogo de la serenidad
1.-Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2.-Sólo por hoy tendré el máximo de cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.
3.-Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.
4.-Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5.-Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6.-Sólo por hoy haré una buena acción y no se lo diré a nadie.
7.-Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis
sentimientos, procuraré que nadie se entere.
8.-Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizás no lo cumpliré cabalmente, pero lo intentaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9.-Sólo por hoy creeré firmemente -aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.
10.-Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Puedo hacer bien durante doce horas, lo que me descorazonaría si pensase tener que hacerlo durante toda mi vida.

domingo, 31 de diciembre de 2006

La lectura es larga, la vida es corta

Kundera le recomendó a un amigo la lectura de Gonbrowics, y éste leyó uno de los textos menos dignos del autor. Cuando le comentó su disgusto, Kundera insistió y le sugirió leer "Ferdydurke". Obtuvo la siguiente respuesta: “Amigo mío, la vida se acorta ante mí. He agotado la dosis de tiempo que tenía guardada para tu autor”.
No quiero equivocar las elecciones de mis lecturas así que tras leer "El Telón", del mismo Kundera, hice una ordenada lista de las novelas que él considera clave en la historia de la escritura y que yo pretendo comenzar a leer este año (e ir mezclando con otras elecciones propias)

1. Rabelais, Francois. Gargantúa y Pantagruel (4 libros, 1532-1552)
2. Cervantes Saavedra, Miguel. El ingeniosos hidalgo Don Quijote de la mancha (2 libros, 1605-1615)
3. Fielding, Henry. Tom Jones (1749)
4. Sterme, Laurence. Tristram Shandy (9 volúmenes, 1759-1769)
5. Choderlos de Laclos, Pierre. Las amistades peligrosas (1782)
6. Diderot, Denis. Jacques el fatalista (1796)
7. Stendhal. La cartuja de Parma (1839)
8. Flaubert, Gustave. Madame Bovary (1857)
9. Flaubert, Gustave. La educación sentimental (1869)
10. Flaubert, Gustave. Bouvard y Pécuchet (1881)
11. Dostoivski, Fedor. El idiota (1868)
12. Tolstoi, Leo. Ana Karenina (1877)
13. Kafka, Franz. Amerika (1912)
14. Kafka, Franz. El proceso (1917)
15. Kafka, Franz. El castillo (1922)
16. Joyce, James. Ulises (1922)
17. Proust, Marcel. En busca del tiempo perdido (7 novelas, 1913-1927)
18. Musil, Robert. El hombre sin atributos (3 volúmenes, 1930-1942)
19. Broch, Hermann. Los sonámbulos (3 volúmenes, 1929-1932)
20. Faulkner, William. Mientras agonizo. (1930)
21. Faulkner, William. Las palmeras salvajes (1939)
22. Gonbrowics, Witold. Ferdydurke (1938)
23. Hemingway, Ernst. Por quién doblan las campanas (1940)
24. García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad (1967)
25. Carpentier, Alejo. El siglo de las luces (1962)
26. Carpentier, Alejo. Concierto barroco (1974)
27. Carpentier, Alejo. El arpa y la sombra (1979)
28. Sábato, Ernesto. Abaddón el exterminador. (1974)
29. Fuentes Carlos. Terra Nostra (1975)
30. Fuentes Carlos. Gringo viejo (1985)
31.
Rushdie, Salman. Los versos satánicos (1989)

Kundera habla de la conciencia de continuidad: “Si permanecemos en la historia de la novela, Sterne reacciona ante Rabelais, Sterne inspira a Diderot, Fielding apela constantemente a Cervantes, Stendhal se mide siempre con Fielding, la tradición de Flaubert se prolonga en la obra de Joyce, a partir de la reflexión sobre Joyce desarrolla Broch su propia poética de la novela, Kafka le hace comprender a García Marquez que es posible salir de la tradición y ‘escribir de otra manera”.
Entiendo la idea, pero mi lectura (relectura en algunos casos) no la haré en orden cronológico. La extensión y el estilo de los primeros libros me atemoriza un poco. Pero apuesto al juicio de Kundera y las iré mezclando con los textos más actuales para que me resulte realmente placentera la inmersión en estas novelas. Irán llegando mis comentarios a medida que avance.

sábado, 30 de diciembre de 2006

Frases propias

"Los recuerdos sirven para exorcizar el futuro".

"No matemos las ilusiones. Suelen suicidarse solas".

viernes, 29 de diciembre de 2006

El arte de amar

Según Erich Fromm, la práctica de cualquier arte requiere:
  • Disciplina.
  • Concentración.
  • Paciencia.
  • Preocupación por el dominio del arte.
Me convendría recordarlo.

martes, 26 de diciembre de 2006

Dicho transformado

Al que Dios no le da hijos, los ANGELES les dan sobrinos.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Espíritu festivo

Me cuesta entender a los posmodernos negativos, que pregonan cosas como "Odio las fiestas". Yo declaro mi más sincero gusto por estas celebraciones y todos sus ritos. Adoro comprar regalos de Navidad (obvio, no a último momento) y abrir mis presentes el 24 a medianoche. Me encanta festejar el Año Nuevo, porque me da la idea de que todo irá mejor. Así que alcemos las copas virtuales y adelante. A disfrutar.

sábado, 16 de diciembre de 2006

Palabras

Jugar con las palabras de un texto. Mejorarlo. Mejorarlo. Mejorarlo.
Recordé que me daba mucho placer escribir.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Incompatibilidad de miradas

Con algunas personas (en realidad hombres) tengo lo que he bautizado "incompatibilidad de miradas". Si me me miran a los ojos, no puedo sostenerles la mirada porque me intimidan. Pero si soy yo quien los mira primero son ellos los que inmediatamente bajan sus ojos y jamás vuelven a intentar hacer contacto.
Tiendo a pensar que son ojos no hechos para enfrentarse ni cruzarse, a menos que ambos "propietarios" acepten el desafío. ¿Motivos? Una mirada les permitiría a los dos tener una visión directa del interior del otro y de lo que siente. Se entenderían perfectamente con unos mínimos segundos de contacto. Demasiado peligroso. Hasta ahora yo o él nos acobardamos.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Finales

Me da un poco de pena saber que a alguna buena gente no tendré muchas oportunidades de volver a cruzármela por la vida. Obvio, nunca se sabe, pero la ley de las probabilidades juega en contra de nuevos encuentros.
Sé que siempre pasa, y sé que después uno lo va superando y va descubriendo nueva gente y el círculo se repetirá una y otra vez... Pero lo cierto es que los adioses con cara de definitivos me estremecen un poquito el corazón.

martes, 5 de diciembre de 2006

Y también es saludable

Según estudios de la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, el optimismo es un aliado de la longevidad. (...) El estudio llega a la conclusión de que el hecho de tener una actitud positiva permite vivir un promedio de 7,6 años más. Y detalla que una visión optimista de la realidad agrega más años a nuestra vida que una presión arterial baja (4 años o menos), un nivel de colesterol bajo (4 o menos años), un peso saludable (entre 1 y 3 años) y la práctica regular de actividad física (entre 1 y 3 años).
Fuente: La Razón, 4 de diciembre de 2006

jueves, 30 de noviembre de 2006

Con un dejo amargo

Terminé de leer “Desgracia” de Coetzee. Estilo ágil, pero tema agobiante. El personaje principal empieza en un estado de “felicidad”:
Goza de buena salud, tiene la cabeza despejada. Por su profesión es, o mejor dicho, ha sido un erudito, y la erudición todavía ocupa, bien que de manera intermitente, el centro mismo de su ser. Vive de acuerdo con sus ingresos, de acuerdo con su temperamento, de acuerdo con sus medios emocionales. ¿Que si es feliz? Con arreglo a la mayoría de los criterios él diría que sí, cree que lo es. De todos modos, no ha olvidado la última intervención del coro en Edipo rey. No digáis que nadie es feliz hasta que haya muerto.
Es un profesor universitario que sostiene algunas ideas que, a veces, uno está tentado de suscribir:
Sigue dedicándose a la enseñanza porque le proporciona un medio para ganarse la vida, pero también porque así aprende la virtud de la humildad, porque así comprende con toda claridad cuál es su lugar en el mundo. No se le escapa la ironía, a saber, que el que va a enseñar aprende la lec­ción más profunda, mientras que quienes van a aprender no aprenden nada.
Hace ya tiempo que dejó de sorprenderse ante el grado de ignorancia de sus alumnos. Poscristianos, posthistóricos, postalfabetizados, lo mismo daría si ayer mismo hubieran roto el cascarón. Por eso no cuenta con que ninguno sepa nada sobre los ángeles caídos, ni sobre las fuentes en las que Byron pudo inspirarse. Lo que sí espera es una ronda de disparos a ciegas, de suposiciones hechas con buena inten­ción, que, con suerte, él podrá guiar hasta que acierten en la diana.
Pero termina renunciando a todo. Desolado. Azorado por la resignación, disfrazada de sabiduría, de su hija. Para peor, las matanzas constantes de los perros me resultaron abrumantes. No es que sea una amante de los animales, pero ayer se murió mi perra. Hasta último momento se resistió a dejarse estar. Parecía que, a pesar de los muchos años, ella no estaba resignada a morir...

miércoles, 29 de noviembre de 2006

Lejos de los agelastos

En “El telón”, Milan Kundera me enseña una nueva palabra: agelasto.

“Es el neologismo que creó Rabelais a partir del griego para designar a los que no saben reír. A Rabelais le horrorizaban los agelastos, por cuya culpa, según sus propias palabras, estuvo a punto «de escribir ni jota»”.

Sigo leyendo y aplaudo la opinión de Kundera porque yo hago exactamente lo mismo que él:
“Hay personas a quienes admiro por su inteligencia, a las que estimo por su honestidad, pero con quienes no me siento a gusto: censuro mis comentarios para no ser mal interpretado, para no parecer cínico, para no herirlas con una palabra demasiado atrevida. Ellas no viven en paz con lo cómico. No se lo reprocho: su agelastia está profundamente anclada en ellas y no lo pueden remediar. Pero yo tampoco puedo remediarlo y, aun sin odiarlas, las evito de lejos”.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Porqué elegí ser periodista

No puedo recordar cuándo decidí ser periodista. Ni sé porqué lo hice. Seguramente me atraía lo poco común de mi idea. Ninguna de mis compañeras tenía tales intenciones. Además había algo mágico en el periodismo, algo que invitaba a probar de qué se trataba.
Leyendo hoy a Kapuscinski entendí un poco más el porqué de mi elección, de la que no me arrepiento, aunque a veces sienta que no me ha conducido tan lejos como podría haber llegado en otros terrenos. Sin duda tengo disposición a trabajar las veinticuatro horas, estoy segura –y feliz por ello- de que estudiaré toda mi vida y puedo vivir dignamente sin necesidad de riquezas.

En nuestro oficio hay algunos elementos muy importantes.
El primer elemento es una cierta disposición a aceptar el sacrificio de una parte de nosotros mismos. Es ésta una profesión muy exigente. Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. El motivo es que nosotros convivimos con ella veinticuatro horas del día. No podemos cerrar nuestra oficina a las cuatro de la tarde y ocuparnos de otras actividades. Este es un trabajo que ocupa toda nuestra vida, no hay otra manera de ejercitarlo. O, al menos, de hacerlo de un modo perfecto.
El segundo elemento de nuestra profesión es la constante profundización en nuestros conocimientos. Hay profesiones para las que, normalmente, se va a la universidad, se obtiene un diploma y ahí se acaba el estudio. En el periodismo, en cambio, la actualización y el estudio constantes son la conditio sine qua non. Nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo, profundo, dinámico y revolucionario. Día tras día, tenemos que estar pendientes de todo esto y en condiciones de prever el futuro. Por eso es necesario estudiar y aprender constantemente. (...)
Hay una tercera cualidad importante para nuestra profesión, y es la de no considerarla como un medio para hacerse rico. Para eso ya hay otras profesiones que permiten ganar mucho más y más rápidamente. (...) Por tanto, tened paciencia y trabajad. Los lectores, oyentes, telespectadores son personas muy justas, que reconocen enseguida la calidad de nuestro trabajo y, con la misma rapidez, empiezan a asociarla con nuestro nombre; saben que de ese nombre van a recibir un buen producto.


Ryszard Kapuscinski.
Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo.