lunes, 30 de julio de 2007

Abaddón el exterminador – Ernesto Sabato

No me gustó. Así de claro. Las idas y vueltas de los personajes me perdieron. Los desvaríos paranoicos me agotaron. La novela no logró despertar mi intriga. Tal vez Sabato nunca se lo propuso -concedo- pero como lectora quiero saber a dónde voy: si estoy en un laberinto y tendré que pasar varias veces por el mismo sitio, quiero saberlo. En la última página sentí que el libro podría haber terminado 200 hojas antes o 200 después. Una lástima porque “El túnel” y “Sobre Héroes y Tumbas” me habían cautivado.
Pero destaco una idea que aparece en el texto y que comparto, aunque muchas veces olvido. Olvido, y explico, y quiero que me expliquen y sugiero que se expliquen. Errores y más errores.
“El mito, como el arte, es un lenguaje. Expresa cierto tipo de realidad del único modo en que esa realidad puede expresarse, y es irreductible a otro lenguaje. Te pongo un ejemplo sencillito: acabás de oír un cuarteto de Béla Bartók, salís y alguien te pide que se lo “expliqués”. Claro, nadie comete semejante idiotez. Y sin embargo hacemos eso con un mito. O con una obra literaria”.
Hay otra parte del libro que me recuerda porqué soy periodista (¿escritor mediocre?) y porque nunca podré ser escritora. Me falta una obsesión (y no me quejo).
“Solo los escritores mediocres pueden escribir simple crónica y describir fielmente (qué palabra hipócrita!) la realidad externa de una época o de una nación. En los grandes, su potencia es tan arrolladora que no pueden hacerlo aunque se lo propongan”.

lunes, 9 de julio de 2007

Nieve en Buenos Aires

A eso de las tres de la tarde empieza a caer algo más cercano al "agua-nieve" que a verdaderos copos de nieve. Pero con el tiempo, los diminutos copos van apareciendo. Si se camina al aire libre, quedan como hielitos y manchas blancas en la ropa, en el pelo. No llegan a formar ni una fina capa blanca en el suelo, pero en la ropa sí es nieve. Y a la vista también.
Viajo una hora y media en colectivo y observo no a la nevisca sino a la gente. Y la veo contenta. Algunos esbozan una sonrisa. Otros disfrutan con los chicos como chicos. Muchos se sacan fotos para registrar el hecho.
Una vez más compruebo que basta muy poco para ser feliz por un instante.

viernes, 6 de julio de 2007

Defensa de la Alegría

Siempre que la tristeza acecha mi vida, o que la abulia unida al aburrimiento se quiere transfomar en habitual, mentalmente recito las partes que recuerdo de este poema de Mario Benedetti.

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del caos y de las pesadillas
de la ajada miseria y de los miserables
de las ausencias breves y las definitivas

defender la alegría como un atributo
defenderla del pasmo y de las anestesias
de los pocos neutrales y los muchos neutrones
de los graves diagnósticos y de las escopetas

defender la alegría como un estandarte
defenderla del rayo y la melancolía
de los males endémicos y de los académicos
del rufián caballero y del oportunista

defender la alegría como una certidumbre
defenderla a pesar de dios y de la muerte
de los parcos suicidas y los homicidas
y del dolor de estar absurdamente alegres

defender la alegría como algo inevitable
defenderla del mar y las lagrimas tibias
de las buenas costumbres y de los apellidos
del azar y también

también de la alegría

jueves, 5 de julio de 2007

La tercera vez

Estabas igual que hace ¿diez años?. Me saludaste con afecto, como si nos hubiéramos visto ayer. No me acordaba tu nombre, pero vos sí me llamaste por el mío. Me empezaste a contar tu historia. Te corté rápido. Sentí una estúpida incomodidad. Demasiada gente. Te diste cuenta y gentilmente te alejaste. Pero me quedé pensando en vos...
La segunda vez nos chocamos. De vuelta había mucha gentealrededor. Nos saludamos y seguimos nuestros caminos.
Espero con ansias la tercera vez. Y quiero charlar un poquito con vos. Siempre me atrajo tu inteligencia.

miércoles, 4 de julio de 2007

Solución

Cuando los números se retoban y juegan en nuestra contra, las palabras nos pueden salvar.